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Periódico La Nación

Domingo 21 de Febrero, 2010

ENTRE LÍNEAS

ARMANDO GONZÁLEZ R. |

 

Temor disipado

 

Pasados catorce meses de vigencia del TLC, la educación no se ha municipalizado, la industria armamentista brilla por su ausencia y a nadie se le ocurre instituir un ejército. El Código de Trabajo sigue rigiendo las relaciones laborales y a inicios de diciembre los asalariados cobramos el aguinaldo. La CCSS está lejos de la quiebra, el tráfico de órganos es todavía ilegal y la Sala IV más bien frenó los estudios clínicos –perfectamente legítimos– porque consideró necesario regularlos por ley y no por decreto. Fluyen los ríos por sus cauces y la soberanía sobre el mar territorial permanece intacta.

La Presidencia estadounidense, por su parte, demostró en Sudamérica las potestades de que goza para modificar los regímenes unilaterales de preferencias comerciales. Esas potestades, ejercidas, p. ej., en Ecuador, están también prescritas en el caso de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe. Queda así comprobada la relativa fragilidad de los regímenes unilaterales frente a un tratado.

En la peor crisis económica internacional desde los años 30, el aparato exportador costarricense sufrió un retroceso muy moderado y, aunque no hay datos para atribuir ese relativo éxito al TLC, la lógica apunta a que es mejor enfrentar la recesión con ese instrumento bien establecido.

Los demócratas ganaron la Presidencia estadounidense y una firme mayoría en el Congreso, pero no hay señales de una proclividad a la renegociación de los tratados vigentes. El presidente Barack Obama más bien insiste en concluir los acuerdos pendientes. En el Congreso existe un movimiento contrario al libre comercio, pero es minoritario, aun dentro de la bancada demócrata, y está lejos de materializar sus propuestas. Para completar el panorama, las elecciones de medio periodo, a celebrarse este año, auguran ganancias para los republicanos a costa de legisladores inscritos en la tesis contraria al comercio internacional.

En Costa Rica el tema está prácticamente superado y parece ocioso traerlo a colación. Apenas figuró en la agenda nacional durante la campaña política, pero vale la pena considerarlo a la hora de analizar los resultados. La mayoría de quienes fueron votantes del “no” dieron su apoyo a las agrupaciones partidarias del “sí”, en particular a Liberación Nacional y al Movimiento Libertario. Los proponentes del “no”, en especial los más radicales, sufrieron un notable traspié en las urnas. Soñaron construir una fuerza política –o varias– a partir de la vigorosa oposición al tratado, pero es imposible cimentar un movimiento duradero en torno al temor, sobre todo ahora que el temor se ha disipado.

 

Fuente: http://www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/21/opinion2273130.html

 

 

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