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ELIZABETH
FONSECA
Diputada,
PAC
La discusión sobre
el TLC en nuestro país aún no está superada. Mientras en la Asamblea
Legislativa todavía está en discusión el llamado proyecto N.° 14 de la agenda
de implementación, un columnista de La Nación ( Armando González , Entre Líneas, 21/02/2010) sigue a la defensiva y considera
necesario traerlo a colación.
A catorce meses
de vigencia del TLC, para la ciudadanía resulta claro que el empleo no se ha incrementado,
el PIB crece menos, los pobres no se hacen ricos y la pobreza no se ha
reducido, las desigualdades aumentan, las tarifas de las telecomunicaciones
no bajan, las personas que andan en bicicleta no cambiaron a motocicleta y
las que andan en motocicleta no lo hacen en BMW.
Durante ese
tiempo, se demostró que cuando el régimen unilateral de preferencias
comerciales no es permanente y depende del Presidente de EE. UU. (lo cual no ocurría con la Iniciativa para la Cuenca del
Caribe), las condiciones geopolíticas pueden inducir a EE. UU. a debilitar esas concesiones. También se evidenció que
ningún castigo comercial se ha impuesto a los países que, como Brasil y
Argentina, no han querido meterse en la ruta de los TLC.
Vulnerabilidad. La peor crisis económica
internacional desde los años 1930, iniciada en EE. UU., ha afectado más
severamente a México que a ningún país en América Latina, mostrando que el
país que más tiempo ha estado regido por un TLC como el que Costa Rica
suscribió, es el más vulnerable a ese tipo de crisis. Por otra parte, los
países de América Latina que no tienen TLC fueron menos impactados por la
crisis que los países con TLC.
Asimismo, ha
quedado demostrado que los TLC no eran tan inmutables como los Diez Mandamientos,
cuando los TLC de Colombia, Ecuador y Panamá fueron renegociados y que existe
una fuerza al interior del Congreso estadounidense que desea cambios más
sustantivos, y ha logrado impedir que esos tratados se aprueben.
Las consecuencias
de la visión del desarrollo en que se fundamenta el TLC figuraron en la
agenda nacional durante la campaña política, cuando se denunció el incremento
en la pobreza y las desigualdades. Sin embargo, contrario a los alegatos
intensamente esgrimidos por los defensores del TLC durante el proceso del
referéndum, los resultados de las elecciones demuestran que quienes se
oponían a la aprobación del tratado no lo hacían porque eran de “izquierda o chavistas”, sino porque simplemente consideraban que no
era lo mejor para Costa Rica.
Solo así se
explica que miles de votantes del “no” dieran su apoyo a agrupaciones de
derecha, en particular a Liberación Nacional y al Movimiento Libertario.
Cortinas de humo. Cierta cúpula que
defendió el “Sí”, en especial los más radicales, no logró eliminar de la
política nacional a quienes se opusieron al TLC. Continúan generando cortinas
de humo para ocultar las consecuencias del modelo de desarrollo que han
impulsado durante las últimas décadas. Su estrategia del temor, detallada con
precisión en el memorando Casas-Sánchez y materializada durante mucho tiempo
por medio de campos pagados y artículos dirigidos a difamar, creando miedo,
no logró influir en un significativo sector de la población, el cual con una
visión integral y una comprensión global de las propuestas dio su voto a
quienes se opusieron al TLC.
Pero la verdad es
que intentar analizar las consecuencias del TLC a 14 meses de haber entrado
en vigencia, es irresponsable y revela desconocimiento de la naturaleza de
esos tratados.
Mientras tanto,
seguiremos preocupados y vigilantes porque mejore la calidad de vida de cada
costarricense, y para que se dignifique la política mediante el cumplimiento
de las promesas.
Fuente: http://www.nacion.com/ln_ee/2010/febrero/25/opinion2280290.html
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