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Tres nuevos
tratados de libre comercio están en el horizonte de corto plazo de la
política comercial costarricense: Singapur, la República Popular China y la
Unión Europea.
Con Singapur y China los procesos de negociación ya han concluido y se cumple
ahora la fase de traducción y de armonización y adaptación normativa.
Respecto a la Unión Europea, debido a su naturaleza regional, la negociación
se vio interrumpida a causa del golpe de Estado en Honduras, por lo que aún
resta una ronda de trabajo que se realizará dentro de pocas semanas.
La ratificación de estos acuerdos por parte de la Asamblea Legislativa,
seguramente resultará menos polémica que la del TLC con Estados Unidos, por
cuanto estos tratados no introducen cláusulas nuevas que modifiquen la
institucionalidad nacional, ni afectan significativamente sectores
importantes de la política pública como las telecomunicaciones, los seguros o
la propiedad intelectual.
En el caso de
China, si bien el convenio ha tenido la oposición de la cúpula industrial y
agroindustrial local por razones de competencia y por preocupaciones en
cuanto a las normas sanitarias y los controles de calidad, pareciera que en
el texto final se lograron incluir algunas disposiciones que mitigan las
críticas y las objeciones.
Respecto a la
Unión Europea, se espera que en la última ronda de negociación no surjan
mayores dificultades, no solo porque durante estos meses de interrupción de
las conversaciones oficiales se han mantenido abiertos canales informales de
consulta, sino también porque los temas más conflictivos como el arancel al
banano y lo concerniente al Parlacen y la Corte
Centroamericana de Justicia se han ido resolviendo en otras instancias o de
manera consensuada.
La aprobación de
estos tres tratados de libre comercio pondrá fin a una etapa de la política
comercial costarricenses que se inició en 1994 con la firma del TLC con
México y se intensificó en esta última década. Este ciclo de “trataditis in extremis”
englobará, a su termino, diez acuerdos que abarcan
más del 90% de todos los bienes y servicios que el país intercambia
internacionalmente.
Aún no se han evaluado de manera exhaustiva los efectos positivos y negativos
de esta política aperturista; y muchos de sus impactos solo se harán
evidentes en el mediano y largo plazo cuando Costa Rica inicie la
desgravación de los productos sensibles y cumpla con todos los cambios
legislativos y administrativos a los que se ha comprometido. Esa valoración,
que debe trascender la contabilidad y la estadística de los flujos, es una
tarea necesaria para eventuales enmiendas y ajustes.
Otra tarea que
deberá acometerse es la transformación del Ministerio de Comercio Exterior.
Atrás quedarán las gestiones negociadoras y el COMEX deberá enfrentar labores
menos glamurosas pero indispensables: administrar
eficientemente la multiplicidad de acuerdos de libre comercio vigentes y
ayudar a capacitar a las empresas en la apropiada aplicación de las diversas
disciplinas para que puedan sacar el mayor provecho y protegerse
adecuadamente.
A Costa Rica, por su parte, le corresponde como país encarar dos desafíos aún
mayores: incrementar la oferta exportable para poder entrar en los nuevos
mercados y ayudar a los productores nacionales para enfrentar el aumento de
las importaciones. El papel de las políticas gubernamentales será fundamental
para el logro de ese doble objetivo. Las relaciones productivas entre
empresarios y trabajadores también lo serán.
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